El desempleo, uno de los mayores dramas sociales de la actualidad

Los empleos han vivido el impacto de la pandemia en forma bastante intensa y dramática ya que la tasa de desocupación asciende a un 20%, donde la peor parte se la han llevado tanto las mujeres, como los jóvenes, cuyas tasas de desempleo se ubican en 25% y 30%, respectivamente.

En cuanto a la tasa de desocupación hoy se pueden encontrar alrededor de unas 4,6 millones de personas que están desempleadas, lo que se traduce como el doble de las que estaban registradas al inicio del año. En lo que respecta a las ciudades, la desocupación alcanzó cerca de 25%, pero hay capitales los niveles han sido superiores al 30%.

En materia económica, lo peor de la covid-19 de acuerdo a los especialistas, se ha presentado en el mercado laboral y, sobre todo, en los ingresos en los hogares. Frente a un deterioro inminente del empleo, dichos ingresos registraron una caída de $21,6 billones entre los meses de marzo y julio.

Aún no se tiene clara la manera en la que avanzará la recuperación económica en los países, hasta que puedan recuperar la tracción con la que venían durante el 2019 y se llegue a reactivar el empleo. En cuanto a las cifras mensuales del Índice de Seguimiento a la Economía (ISE) estas señalan una tendencia de menor deterioro entre los meses de mayo y junio, aunque para julio se vivió una frenada en dicha tendencia.

Los gobiernos se muestran optimistas en alcanzar una recuperación, con la que puedan volver durante el 2021 a los mismos niveles que se presentaban durante el 2019. Aunque diversos analistas han considerado que esta esperada recuperación podría tomar entre 2 y 5 años.

En medio de la crisis, resulta fundamental continuar avanzando ante un escenario de reformas con las que se pueda flexibilizar el mercado laboral. La idea se centra en mejorar los indicadores de formalidad, evitar despidos y garantizar nuevas contrataciones con reglas de juego modernas, sin pauperizar el empleo y con las relaciones laborales vivas.

Más allá de esta suposición, parece que los cambios estructurales no son viables ya que el poco margen de maniobra política con la que cuenta el Gobierno se encargara de limitar el avance en cuanto a dicho debate. Y esta es una situación que se ve acompañada, además, por una profunda polarización en el país, y el resurgir del descontento social.

Debido a este tipo de condiciones, es importante detenernos a pensar en lo qué podría hacer el Gobierno a fin de impulsar el empleo y del mismo modo poder responder en un corto plazo a esta coyuntura tan complicada. Posiblemente la respuesta se encuentre en una misión de empleo con la que se propongan reformas estructurales de mediano y largo plazo. Aunque este se trata de un problema no da espera.

Si bien, el panorama de propuestas se ha mostrado bastante amplio, tales propuestas van desde levantar las restricciones a fin de dinamizar el consumo y la actividad económica y combatir el miedo que se ha generado, hasta la creación de empleos potenciales. En otras palabras, las empresas están llamadas a pagar por estudiar y capacitarse, con el firme compromiso de trabajar para esa firma luego de alcanzar las capacidades para hacerlo.